Traducir dialectos

Dialecto: ¿Traducir o no traducir? Esa es la cuestión

A la hora de traducir un texto literario solemos toparnos con distintas dificultades. Una de ellas es qué hacemos cuando nos encontramos con intervenciones de personajes e incluso partes y capítulos del texto que reproducen una variedad dialectal de la lengua origen. Esta cuestión ha sido abordada desde tantas perspectivas y estrategias que incluso algunos traductores han llegado a preguntarse si realmente es posible traducir un dialecto.

Antes de lanzarnos a traducir cualquier tipo de texto, debemos prestar especial atención a lo que transmite el original. Con una obra que incluya pasajes escritos en una variedad dialectal pasa lo mismo. Para empezar, debemos preguntarnos qué intención tiene el uso de ese dialecto en el texto. Normalmente, el objetivo del autor es marcar la diferencia o el choque entre dos culturas. El resultado es que el texto se ve plagado de connotaciones culturales que también debemos trasladar. Por eso no debemos perder de vista esa funcionalidad. Por supuesto, teniendo siempre en cuenta que lo más probable es que en la traducción se pierda algo de información. Solo nos falta decidir qué perdemos y cómo podemos hacer nuestra traducción más fiel y más significativa.

¿Qué podemos hacer?

Cuando nos llega la hora de decidir si traducimos o no el dialecto, debemos pensar en lo que puede derivar el texto meta. Tanto si lo traducimos como si no, podemos llegar a eliminar e incluso incluir determinadas connotaciones y prejuicios que no estaban ahí. También podríamos intercambiar ese dialecto de la lengua origen por otro de la lengua meta en ciertos contextos. Sin embargo, en este caso, podríamos hacer creer al lector que los personajes tienen una procedencia distinta a la que realmente tienen perdiendo así parte de la ambientación original. Por todo esto, no siempre podremos seguir las mismas estrategias. Nuestra forma de proceder como traductores dependerá del texto en cuestión.

Traducir el dialecto por su lengua estándar

Hasta ahora, una de las posturas que más se ha adoptado es traducir el dialecto por su lengua estándar. El problema de esta estrategia es que perdemos parte de lo que caracteriza a ese personaje. Además, su función en la obra podría llegar a difuminarse o no quedar del todo clara para el lector. El mensaje que transmite el texto también cambiaría porque los dialectos, al igual que los idiomas, son vehículos de cultura y de formas particulares de ver el mundo.

Traducir dialectos

Reproducir de forma arquetípica el habla del personaje

Otra posible solución bastante común es reproducir de forma arquetípica el habla del personaje. Es decir, imitar el habla de su región, raza, etnia, etc. Aquí vuelve a entrar en juego el tema de los prejuicios y las connotaciones negativas. También se podría optar por no traducir esas partes, pero entonces perderíamos el sentido igualmente, a no ser que el público meta estuviese bastante familiarizado con la variedad. Ya puestos a perder algo en nuestra traducción, mejor intentar solventar el problema lo mejor posible.

Incluir marcas dialectales en el discurso

Por otro lado, una estrategia más acertada sería incluir marcas dialectales en el discurso. De este modo, replicaríamos los rasgos dialectales de la lengua origen en la lengua meta a través de la introducción de cambios fonéticos y ortográficos en el texto. En este caso, podríamos optar o no por mantener las normas ortográficas y lingüísticas de la lengua meta. Si decidimos mantener las normas en lugar de introducir cambios escritos, marcaríamos la diferencia cambiando del registro informal al formal.

Atopismos

Finalmente, la última estrategia que podemos adoptar es la creación de un dialecto artificial que no esté vinculado a ningún lugar en concreto. Son los llamados atopismos. De esta manera, la información que recibe el lector es que hay “un otro”, un personaje que es distinto a los otros.

En definitiva, sin importar la medida que adoptemos, nuestra prioridad será que el lector de la lengua meta reciba la misma información, el mismo imaginario, el mismo mensaje que el lector de la lengua origen. Parece que las dos últimas estrategias son las que nos permitirían darle más juego al texto, hacerlo más redondo y natural. Aunque eso no quiere decir que sea fácil.

Publicado en Los entresijos de la traducción.

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